Nos duele el humedal

Es el miércoles a la noche de un invierno ceniciento. Estamos en medio de lo que en alguna otra época eran vacaciones, otra época en la que existían cosas como el tiempo, el trabajo o los recesos. Hay paro de transporte, así que Santi y yo volvemos del bar a mi casa caminando. Nos acercamos a mi barrio y el aire está cada vez más cargado. Hay tanto humo que parece que fueran las 4 am y estuviéramos por agarrar la ruta para partir de viaje de estudios en medio de la neblina. Santi comenta el humo, yo asiento. Todo el mundo comenta el humo. El coronavirus ya no es el primer tema de conversación, aun cuando todo Rosario anda embarbijado, manteniendo los carpinchos de distancia y fregándose alcohol en gel. El cielo está teñido de gris. Huele constantemente a quemado.

Se incendian las islas. Seguir leyendo “Nos duele el humedal”

24 horas sin pantallas: reporte de experimento

El pasado domingo 10 de mayo, día 52 de la cuarentena nacional oficial (y 57 de la cuarentena familiar Galletita, gracias a esa fabulosa fiebre del 15 de marzo que nos robó 5 días) emprendí la arriesgadísima prueba de pasar un día entero (algo así como 36 reuniones de Zoom seguidas) sin mirar ninguna pantalla. ¿Puede el ser humano sobrevivir condiciones tan extremas? Seguir leyendo “24 horas sin pantallas: reporte de experimento”

¿Era más fácil? – palabras cansadas

Pinto con acuarelas de nostalgia todas las incertidumbres pasadas y elijo creer que las preguntas eran más chicas, o las respuestas más fáciles de encontrar. No, no había un video tutorial para lidiar con no ser la persona que querrías haber sido, ni había té con leche que te sanara que tus amigas te miraran perplejas, por enésima vez, porque vos, ser incomprensible, te empecinabas en ser incomprensible. Pero había salidas, ¿no? Algo recuerdo de que hubiera salidas. Seguir leyendo “¿Era más fácil? – palabras cansadas”

Mi amistad imaginaria con Albarracín

Como buena alumna argentina de primaria, sé desde chiquita que el Día del Animal es el 29 de abril. Con la naturalidad con que, en la niñez, las cosas simplemente son, desde siempre y porque sí. El agua hierve a 100 grados, el sol sale por el este y Buenos Aires es la capital. El 11 de mayo es el Día del Himno, el 18 el de la Escarapela, el 25, bueno, claro, la revolución, y por eso se come locro, igual que el 1°, que es el Día Internacional (¿qué onda el locro con eso?) del Trabajador (no, che, pero en serio, ¿qué onda el locro ahí?). En fin. Y después me cuestionan la argentinidad. La infancia -la mía, al menos- un mundo de certezas. Todo lo posterior, una revelación tras otra de que todo lo que existe ha sido construido y convenido socialmente, subjetivamente, controversialmente. El agua hierve a 100 grados dependiendo de la presión y además ¿qué escala vamos a usar?, el sol sale pero no sale porque éramos nosotros los que nos movíamos y mejor no digas eso que cae mal (eppur si muove), Buenos Aires y Buenos Ayres y unitarios y federales y sabías que quizás Rosario era capital pero no y además los caudillos y Rosas y cuando eras chica se llamaba Capital Federal pero ahora es Ciudad Autónoma y no, no sé qué implica ese cambio en la nomenclatura pero ya estoy agotada. El 29 de abril, entonces, el Día del Animal.

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Fridays for future – 15 de marzo de 2019

En 2018, una joven sueca llamada Greta Thunberg, harta de la falta de acciones gubernamentales concretas para combatir el cambio climático y aterrorizada por las expectativas que se presentan sobre el planeta en el que le tocará vivir su adultez, decidió hacer una huelga. Tenía 15 años y su ocupación principal era ser estudiante, así que faltó a clases. Sí, igual que la banda re piola en el día de la chupina (excepto en que no, nada que ver). Faltó a clases y se puso a organizar huelgas estudiantiles masivas y a inspirar marchas: primero en otras escuelas de su ciudad, luego en otras ciudades de su país y, finalmente, en otros países de su planeta, ese que quiere tanto.

Hoy Greta Thunberg tiene 16 años, y sigue faltando a clases los viernes. Su ocupación principal es liderar un movimiento internacional: Fridays for Future.

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Sí, comés comida vegana

¡Feliz 2019! Enero llegó a mí como un cachorrito entusiasta con ansias de ser amigo, y yo lo recibí con la fría mirada de una gata subida a la mesa del comedor. Enero me halló decidida a entregarme a la anarquía calendárica más acérrima, a no atender a ninguna celebración de medidas discretas del tiempo en unidades gregorianas. Enero no se ha ido todavía y ya me tienen acá, festejando el “Año del Vegano” porque, si no les gustan mis principios, tengo otros. Bonne année !

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3 consejos de mi madre para una vida menos complicada

Mi madre tiene un protocolo para todas las tareas, y también el (no tan) oculto deseo de que sus hijos los sigamos con la prolijidad que a ella la caracteriza. Durante años lo consideré la imposición de opiniones subjetivas, pero ahora que estoy más vieja (y un poquitín más sabia), me doy cuenta de que sus máximas tienen el fin de simplificar el trabajo y ahorrar en tiempo, esfuerzo y recursos. Seguir leyendo “3 consejos de mi madre para una vida menos complicada”